La popularidad del tatuaje durante los últimos años del siglo diecinueve y la primera mitad del siglo veinte se debe en gran parte a los circos. Cuando los circos prosperaron, el tatuaje prosperó. Cuando los circos se fueron a banca rota, la gente tatuada y los artistas tatuadores se quedaron sin trabajo.
Por más de 70 años las grandes compañías cirqueras emplearon personas completamente tatuadas. Algunas eran exhibidas en espectáculos alternos; otras realizaban actos tradicionales como acrobacias y tragar espadas. La rivalidad entre las compañías se basaba en quién tenía al tatuado con las piezas más elaboradas e incluso les pagaban demasiado dinero con tal de que nunca cambiaran de carpa. Muchos de los tatuadores de antaño hicieron grandes ganancias trabajando y viajando con los circos durante la primavera y el verano. Los circos servían como un “showcase” en donde los artistas de la piel podían atraer clientes que les pagaran por su trabajo, y en la mayoría de los casos los únicos vestigios que quedan de estos maestros son fotos o pósters que fueron utilizados para la publicidad de los mismos.
El romance entre los tatuajes y los circos comenzó en 1804 cuando el explorador Ruso George H. Von Langsdorff visitó las Marquesas. Allí encontró a Jean Baptiste Cabri, un desertor francés que llevaba ya varios años viviendo con los nativos. Durante su estancia en esas tierras Cabri se tatuó varias partes de su cuerpo.
Cabri regresó a Rusia con Langsdorff en donde comenzó una exitosa pero breve carrera teatral. Después de varias años de haber trabajado como instructor de natación en la Academia Marina de Cronstadt, Cabri decidió impulsar su carrera artística y comenzó su gira por Europa, en donde fue examinado por varios doctores y exhibido ante la realeza. Pero al pasar los años comenzó el declive de su carrera. Durante los últimos años de su vida fue obligado a luchar con perros entrenados y a hacer algunos otros actos de entretenimiento en algunas ferias citadinas. En 1822 murió.
Analizando un poco la historia de éste peculiar personaje no me resulta nada extraño que en pleno siglo XXI la sociedad siga considerando a la gente tatuada como “freaks” de circo. La verdad es que al final me da mucha pena que sigamos viviendo en edades remotas gracias a todas esas personas que nos siguen discriminando, y lo único que espero es nunca me vayan a hacer tragarme una espada.















